Un budismo

Lo primero que habría que hacer cuando uno comienza a tratar el budismo sería agradecer la concisión de su fundador, Siddharta Gautama, porque, teniendo en cuenta la tendencia de los pensadores orientales a ser densos y oscuros, sorprende y agrada enormemente la brevedad con la que intentó explicar lo esencial de lo que quería decir, lo que él llamó "Las cuatro nobles verdades".

Eso sí, su expresión se ha quedado un tanto anticuada, cosa comprensible y disculpable teniendo en cuenta que han pasado veintiséis siglos. Por ello, su exposición se va a realizar adaptando la terminología a un lenguaje más actual y coloquial.

  • Primera. Estar en el mundo (es decir, vivo) supone inevitablemente el sufrimiento.
  • Segunda. La causa del sufrimiento (o, si se quiere decir de una manera más contemporáneamente existencial, del malestar) es la ignorancia.
  • Tercera. Afortunadamente, esta situación se puede corregir o, por lo menos, paliar.
  • Cuarta. Lo que hay que hacer para librarse del dolor de estar vivos es seguir unas pautas que permitan eliminar esa ignorancia y desarrollar una conducta cuidadosa y coherente.

Todo lo anterior se quedaría rematadamente cojo si no se añadiese que el origen de la ignorancia que genera el sufrimiento es la ceguera a la impermanencia e insustancialidad de todo, que da lugar a la frustración de cualquier conducta basada en el deseo o el rechazo, porque sin duda amar u odiar a lo que no existe no parece una buena idea.

Para concretar esa conducta cuidadosa y coherente, Gautama aportó una serie de prácticas que llamó "El óctuple sendero", una lista de las ocho cosas que se podían y debían hacer (o evitar), con un contenido sin duda relevante, pero no muy bien estructurado. De hecho, se suelen agregar como correcto pensamiento, correcta conducta y correcta atención.

Lo anterior, sin duda, es conciso pero ¿es claro? Porque se podría sospechar que, pese a su brevedad, los árboles todavía ocultan el bosque. Por ello, se va a proponer una redacción alternativa para el núcleo del pensamiento budista en lo que se considera sus tres ideas claves:

  1. El ser humano está en un estado de sufrimiento que tiene su origen en el engaño radical derivado de que su percepción y comprensión de la realidad y de sí mismo es errónea en lo esencial, al no reconocer la impermanencia e insustancialidad de todo.
  2. De acuerdo con lo anterior, su forma de vivir será equivocada y dolorosa hasta que consiga romper esa capa de engaño y alcanzar una comprensión correcta y directa de la impermanencia e insustancialidad.
  3. Alcanzar el estado anterior permitiría acceder a un estado de conciencia en el que se alcanzaría la comprensión de la auténtica realidad, no ilusoria y, con ello, la liberación del sufrimiento.

Un aspecto importante que debe añadirse a lo anterior es que esa comprensión de la realidad, sin perjuicio de que pueda dar lugar a estados alterados de conciencia (iluminaciones, despertares, nirvanas, satoris...), en principio, carece de elementos transcendentes que supongan el reconocimiento de alguna realidad superior. En ese sentido, el budismo debería verse como ajeno a espiritualidades teístas como, por ejemplo, la que sí plantea el vedanta hinduista.

Con lo anterior, y reiterando y reconociendo lo que tiene de inevitable pérdida de complejidad, se estaría aclarando aquello sobre lo que se pretende tratar, con un grado razonable de inteligibilidad y coherencia.

Lamentablemente, existen algunos cabos sueltos que limitan el éxito de la exposición que se acaba de realizar, y que deben ser señalados.