Otros efectos

Aceptando, aunque solo sea a efectos argumentales, la eficacia del budismo en cuanto a los objetivos que propone, se podría pensar que en el proceso, además de ganar algo, también se habrían podido perder algunas cosas importantes. Porque parece difícil negar que alcanzar la comprensión que el budismo señala como esencial supone renunciar a aspectos del mundo y de nosotros mismos a los que estamos muy acostumbrados y a los que sin duda no estamos dispuestos a renunciar así como así.

Así, hay ciertas cosas en el pensamiento budista que va a resultar desagradable encontrar (o más bien, no encontrar), como son:

  1. El "yo", borrado por la impermanencia e insustancialidad de todo.
  2. Las cosas claras, incompatibles con las paradojas y negaciones esenciales del pensamiento budista.
  3. Los placeres terrenales, prohibidos por el imperativo de evitar el deseo.
  4. La actividad o, para que se entienda mejor, el "entretenimiento", imposibilitado por la condena indirecta a la pasividad radical.

En cualquier caso, demasiadas negaciones de cosas demasiado queridas para cualquiera. Estos penosos efectos secundarios refuerzan las dudas sobre si es una buena idea tomarse en serio el budismo por muy creíble que sea, porque quizás haya cosas que sea mejor no saber, aunque sean ciertas. Claro que, si efectivamente son ciertas, entonces rechazar el budismo por sacar a la luz estas cosas sería bastante injusto, porque no dejaría de ser una modalidad de esa conocida costumbre de matar al mensajero.