Final

Ha llegado el momento de recuperar y hacer frente a aquellas preguntas sobre el budismo que se plantearon como una obligación para cualquier escéptico mínimamente serio.

Así pues, ¿se puede entender el budismo? Bien, pues probablemete sí, siempre que se le depure de todo lo que no hay forma de hacer encajar de un modo razonable. ¿Y es creíble? También se podría concluir que sí, claro que a condición de limitarse a verificar solo algunas de sus afirmaciones. Pero ¿realmente sirve para algo? Sin duda, aunque no exactamente para lo que dice y, además, con graves efectos secundarios. ¿Y cumple lo que promete? Sí, si uno no entiende la promesa al pie de la letra. En resumen, "sí pero...".

Y, siendo así, surge una nueva cuestión: eso que queda después de filtrar, depurar, seleccionar... ¿todavía se puede llamar budismo?

Aquí es importante resaltar que algunos budistas ya llevan un tiempo realizando por su cuenta esa depuración, obteniendo lo que se ha venido a llamar budismo laico, ateo, secular... Estos budistas laicos interpretan, o intentan interpretar, los textos budistas desde un punto de vista racional y empírico lo que, evidentemente, se lleva por delante buena parte de sus contenidos habituales: karma y renacimientos, cosmología y dioses, devociones y mantras...

La referencia más conocida de esta línea budista es Stephen Batchelor, budista tradicional en su juventud que ahora reconoce que su objetivo es reelaborar el núcleo de las ideas budistas fundamentales en un lenguaje contemporáneo para humanizar y secularizar la religión, liberándola de las creencias metafísicas y supranaturales.

En un alarde de síntesis, centra lo esencial de su idea de budismo en las siguientes cuatro ideas: el principio del origen condicionado, el proceso de las cuatro nobles verdades, la práctica de la conciencia atenta y el poder de la confianza en uno mismo.

Evidentemente, para llegar a eso ha tenido que dejar caer unas cuantas cosas que la mayor parte de los budistas consideran irrenunciables. En ese sentido, se le ha acusado de seleccionar las fuentes budistas y limitarse a las citas que confirman su planteamiento, manipulación que él no niega pero responde que siempre ha sido así y que eso ha sido precisamente lo que han hecho todas las escuelas budistas.

Aquí puede venir a cuento hacer notar que el budismo siempre ha tenido algo de test de Rorschach, en el que cada uno ve (o puede ver) lo que tiene interés en encontrar. Bien es cierto que esta flexibilidad de interpretación puede verse como un rasgo positivo de tolerancia y apertura: desde luego, las religiones convencionales nunca han consentido esa situación.

En cualquier caso, también hay otros planteamientos escépticos que, partiendo de un serio revisionismo y crítica del budismo tradicional, tampoco son complacientes con depuraciones como la que realiza el budismo laico.

Así, Bernad Faure, estudioso del budismo y especialmente de la cultura japonesa, acuña el término de neobudismo para etiquetar estas depuraciones, que considera una especie de budismo a la carta en el que, según su expresión, se ha echado demasiada agua al vino o, en este caso, al té, para terminar construyendo un budismo presuntamente auténtico que, con toda probabilidad, solo ha existido en la imaginación occidental, y en el que se ha perdido buena parte de su riqueza y complejidad. Faure plantea la necesidad de un enfoque crítico y bien informado para evitar caer en estas modalidades superficiales de budismo "new age".

Para terminar, parece obligado indicar que, en este marco de flexible interpretación y selección interesada de fuentes, es perfectamente posible argumentar que el primer analista escéptico del budismo fue el propio Sidharta Gautama y que, de hecho, el budismo podría verse como una reacción escéptica al pensamiento hinduista ortodoxo de la época en que nació.

A continuación se ofrece una selección de perlas escépticas atribuidas a Buda (en una redacción aligerada de la original, hay que advertirlo):

  • "Cuando alguien sostiene una idea que no se puede comprobar por uno mismo y que no puede ser comprendida por cualquiera, yo digo que está equivocado" (Sivaka Sutta).
  • "Si nadie ha visto a un dios, ni siquiera los sabios antiguos, si todos reconocen no haberlos conocido ni visto, ¿cómo es entonces que alguien se atreve a indicar cuál es el camino que conduce a la unión con algo que jamás conocieron ni vieron?" (Tevijja Sutta).
  • "Especular sobre si el mundo es eterno, sobre la existencia o inexistencia después de la muerte, no es más que ruido y confusión, está acompañado de irritación y frustración y no ofrece calma ni conocimiento" (Aggivacchagotta Sutta).
  • "No aceptéis lo que os cuenten por el prestigio de la enseñanza o porque esté escrito en un libro sagrado, tampoco por lógica, ni inferencia o reflexión, y menos aun por respeto al maestro. Cuando comprobéis por vosotros mismos que algo, aceptado y practicado, conduce al equilibrio y a la satisfacción, entonces sí debéis aceptarlo" (Kesamutti Sutta).

William James el filósofo americano que concibió el pragmatismo, sería sensible a este último pensamiento. En cambio, con el siguiente, probablemente sería Edmund Husserl, el creador de la fenomenología, quien estaría de acuerdo:

  • "En lugar de especular hay que fijarse en las cosas: esto es así, ahora siento o pienso esto, ahora esto aparece, ahora esto desaparece... Con el cese, con la renuncia a todas las consideraciones, a todas las valoraciones, a todas las posesiones y vanidades, se consigue la percepción ecuánime" (Aggivacchagotta Sutta).

LLegados a este punto, le toca a cada cual ejercer su personal balance de escepticismo y credulidad y resolver sobre la cuestión planteada.

No obstante, y a modo de codas ya al margen de la línea argumental propuesta, se ofrece, en primer lugar, un comentario sobre los puntos de contacto entre el budismo y el existencialismo.

Y, por último, en un ejercicio un tanto temerario, se propone una versión de lo que podrían ser las cuatro noble verdades y el óctuple sendero si los redactase un Sidharta Gautama contemporáneo, conocedor de las últimas aportaciones del pensamiento humano.