Cabos sueltos

Lamentablemente, pese a la relativa claridad de los elementos básicos del pensamiento budista, también se puede apreciar una notable presencia de contradicciones. Así:

  • Se defiende la eliminación del apego, del deseo y de la intención pero, para conseguirlo, se propone un proceso extremo de apego, deseo e intención vinculados al logro de la transformación de la situación vital.
  • El resultado de la pauta vital propuesta lleva hacia la pérdida de la realidad personal, una desindividualización tendente a la propia desaparición como sujeto, pero ese proceso exige un control y atención de esa realidad individual que, inevitablemente, conlleva su reforzamiento.
  • Se desaconseja la indagación intelectual y, al tiempo, se exige un enorme esfuerzo en alcanzar determinado tipo de conocimiento como pauta vital básica.
  • Hay una evidente incoherencia entre la insustancialidad y la transitoriedad de la realidad individual y la afirmación de la transmigración (común en mayor o menor grado a todas las escuelas del budismo), porque ¿quién o qué transmigra si el yo en realidad no existe?


Teniendo en cuenta lo anterior, la inicial confirmación de la inteligibilidad y coherencia del pensamiento oriental ya no resulta tan clara o, por lo menos, exige ser matizada.

Bien cierto es que estas contradicciones tanto pueden ser reales y fruto de la incapacidad del pensamiento oriental en general, y también del budismo, para hacer frente a un análisis serio de la realidad como, por el contrario, poner de manifiesto la incapacidad del pensamiento racionalista para hacer frente a las sutilezas de la realidad, que escaparían a las simplezas reduccionistas de este tipo de análisis. Podría ser, pero no dejaría de sonar como una justificación un tanto complaciente.

En cualquier caso, en este punto, que cada uno saque sus conclusiones (u opte por aplazarlas, si prefiere) porque ya toca pasar al siguiente: ¿es creíble lo que cuenta el budismo?